Comer menos carne contra el cambio climático

Comer menos carne contra el cambio climático

¿Se debe reducir el consumo de productos de origen animal para paliar los efectos del cambio climático? La polémica está sobre la mesa y las preguntas aumentan a la par que las diferentes versiones. Está claro que la lucha contra el cambio climático es un desafío para la humanidad. En los últimos meses ha crecido la alerta y ha hecho que la sociedad en general tome conciencia real de que ha llegado la hora de luchar por la salud del planeta.

 

La ONU pide reducir el consumo de carne para frenar el cambio climático

 

Los esfuerzos para frenar las emisiones de gases de efecto invernadero y los impactos del calentamiento global se quedarán muy cortos sin cambios drásticos en el uso global de la tierra, la agricultura y la dieta humana, según advierte el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). 

 

“No queremos decir a la gente qué comer”, dice Hans-Otto Pörtner, presidente del grupo de trabajo del IPCC sobre impactos, adaptación y vulnerabilidad. “Pero sería realmente beneficioso, tanto para el clima como para la salud humana, que la gente de muchos países desarrollados consumiera menos carne, y que la política creara incentivos apropiados a tal efecto”. Así podemos resumir a grandes rasgos el último documento de IPCC publicado en agosto de 2019. 

 

Entre las medidas que destaca el Comité, encontramos:

 

  • La necesidad de preservar y restaurar los bosques, ya que absorben el carbono del aire; y las turberas, porque liberan carbono si se desentierran. 
  • Prestar especial atención al ganado criado en pastizales de bosques despejados, por ser particularmente intensivo en emisiones.
  • La cría de vacas, al producir una gran cantidad de metano, un potente gas de efecto invernadero al digerir sus alimentos.
  • Por último, el documento corrobora que las dietas equilibradas que contienen alimentos de origen vegetal y de origen animal producidos de forma sostenible “presentan grandes oportunidades para la adaptación y la mitigación, a la vez que generan importantes beneficios colaterales en términos de salud humana”.

 

La huella de carbono, la clave para entender parte del problema

 

Con este escenario planteado por la ONU, hay que prestar atención a las emisiones procedentes del sector de la agricultura y la ganadería en España. Emisiones dañinas para el medio ambiente que deben cuantificarse sumando las generadas en todas las etapas de la producción de un producto o servicio, lo que se conoce como huella de carbono.

 

Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, la agricultura es responsable directa del 11 % de las emisiones de gases efecto invernadero, siendo más de de la mitad (un 6 % del total) correspondiente  a la cría de animales y la gestión de sus excrementos. Es decir, corresponde a los gases en forma de metano, un gas con un poder de efecto invernadero muy superior al del CO₂ y que se origina en la digestión de rumiantes como vacas, ovejas y cabras. También durante la gestión de los estiércoles líquidos, purines, procedentes del ganado porcino. Según este inventario, con datos obtenido en 2016, la ganadería se sitúa lejos del sector energético, que representa un 78 % del total o los transportes con un 22% del total. 

 

A nivel mundial, la FAO estima que el peso de los productos de origen animal en las emisiones de gases de efecto invernadero se sitúa en un 14,5 % a nivel global, con unos 7.100 millones de toneladas de CO₂ equivalente. Aquí entran en juego las emisiones directas e indirectas, como el uso de combustibles para maquinaria y calefacción en granjas. Una huella de carbono procedente de la producción agroalimentaria muy relevante, que se estima cercana al 25 % según el IPCC.  

 

Cifras que nos alertan sobre la producción animal y el papel que juega en el cambio climático. Una vez más hay claras evidencias de la necesidad de invertir en investigación e innovación para encontrar formas de producción ganadera que permitan reducir a mayor ritmo las emisiones directas e indirectas procedentes del sector agroalimentario.

 

¿Debemos reducir el consumo de carne para salvar el planeta?

 

Una vez entendido el contexto y valorado las cifras, entra en juego el consumo directo de carne. Está claro que sería beneficioso reducir el consumo de aquellos productos con una elevada huella de carbono, como serían los productos procedentes de la industria ganadera pero existen matices al igual que grandes diferencias en la cría de animales:

 

  • Animales criados en condiciones intensivas. Razas mejoradas de cerdos y aves alimentados con piensos ricos en nutrientes que emiten menor cantidad de gases metano por kilo de pienso consumido
  • Animales criados en condiciones extensivas. Más perjudiciales en este caso, debido a un menor aprovechamiento de nutrientes, pero por ser rumiantes (pastoreo) capaces de aprovechar recursos difíciles de aprovechar por otros animales e incluso humanos. 

 

Pero no solo hay que tener en cuenta la emisión de gases, también hay que valorar otros aspectos importantes en la cría de animales, como el uso de recursos naturales y suelos, la gestión de las excreciones, el uso de fertilizantes y las emisiones asociadas a su fabricación, aplicación y transporte. 

 

Además, a la hora de la alimentación hay que tener en cuenta también otros aspectos importantes como son la salud, la seguridad alimentaria o la sostenibilidad económica del mundo rural. Todo se debe enfocar desde la perspectiva de la lógica y la concienciación ciudadana. Hay lugares del mundo donde la desnutrición es un problema de primer orden. Allí, los productos de origen animal son el único salvavidas existente. Sin embargo, existen lugares de España donde el consumo de carne es mayor del recomendado por la OMS. Una dieta con un mayor peso de legumbres, frutas y verduras de proximidad y temporada, en detrimento de carnes, bebidas azucaradas y alimentos procesados es un ejemplo de dieta más saludable y a la vez más sostenible desde el punto de vista climático. Productos que van más allá de la producción animal.

 

Equilibrar la balanza una vez más es la llave de la solución. Debemos intentar reducir la huella de carbono diaria en todos los aspectos de nuestra vida, también en la alimentación. Apostar por sistemas de producción resilientes, sostenibles y de bajas emisiones nos va a ayudar a cuidar la salud de nuestro frágil planeta Tierra.

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En 2016 la Tierra vivió su año más cálido desde que hay registros. Un récord que lejos de celebrarse se debe combatir con esfuerzo y responsabilidad por parte de todos. STOP CAMBIO CLIMÁTICO es un espacio para remover conciencias y ofrecer consejos útiles y fáciles de llevar a cabo para ser respetuosos con el medio ambiente. Toma conciencia de la importancia que tiene cuidar nuestro planeta y nuestros recursos naturales.